miércoles, 7 de agosto de 2013

TOMAS.



El sol amarillo-naranja empezaba a esconderse detrás de la espesura del bosque, cuando Tomas ya habiendo hecho los deberes de colegio se encontraba recostado contra un árbol leyendo las últimas hojas de la historia de Sandokan.

Cerro el libro heredado de su padre, subió hasta su habitación, dejo caer el libro sobre su escritorio y tomo su caña de pescar, bajo y salió corriendo atravesando el largo y ancho bosque.

Al llegar al rio, corto una cuantas ramas e improviso una balsa, bien amarrada, la lanzo al agua y se hecho sobre ella dejándose llevar por la corriente.

Viajaba tranquilo, mientras hacía volar su línea y la depositaba en algún punto estratégico, cuando sintió un fuerte tiron y la adrenalina en el cuerpo de Tomas se encendió, ambos luchaban sin aflojar, pero la trucha no se daba por vencida a tal punto que empezó a arrastrar al pequeño hasta el filo de la balsa, cayó al agua y la intensa lucha lo sumergió hasta unos cuatros metros.

Cuando regreso a su casa, su mama lo vio todo mojado y aunque se imaginaba que había pasado, no supo que responder, ya que no había palabras para describir todo lo que había vivido y visto bajo la superficie del rio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario