viernes, 16 de agosto de 2013

UN AVION, UN ADIOS



Una tarde de sábado al mes, Andrés iba a las librerías ubicadas sobre la Av. Corrientes entre Talcahuano y Callao, pero siempre al regresar a su casa con o sin libro, volvía tras sus pasos por Corrientes hasta Callao y se detenía a hablar con Don Cristóbal dueño de la parada de diario ubicada en esa intersección, hablaban de futbol, minas y tango.

Pero una de esas tardes, Don Cristóbal le conto la historia de esa parada de diario que había sido de su abuelo, su padre y aunque el revelo termino siendo de Don Cristóbal, ahí un gran porque se le dibujo a Andrés en la frente, esbozo la pregunta y nunca hubiera esperado tal respuesta.

-Andrés, yo quería ser piloto de avión.

Cuando Don Cristóbal termino de hablar, Andrés gambeteo un poco con palabras, cambio de tema y se fue hasta la casa a buscar unas latas de pinturas, al regresar a la parada de diario Don Cristóbal ya no estaba, así que sin perder tiempo se paso la noche pintando un gran avión usando como lienzo la parada.

A la mañana siguiendo Don Cristóbal, no abrió la parada, tan solo dejo un cartel que decía.

“Estimados Clientes, gracias por tantos años de alegrías, charlas, de debates sobre alguna noticia, me despido con un fuerte y cálido abrazo, porque me voy a volar en avión”

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