miércoles, 16 de octubre de 2013

LOS TITERES EN LA CABEZA



Un año duro el duelo por la muerte de su padre, cuando un día Madeleine dejo de llorar y en ese momento se dio cuenta que el legado de su padre no debía desaparecer, así que tomo una hoja empezó a anotar todo lo necesario para construir aquellos títeres que siempre la llenaron de felicidad a ella como a los chicos del barrios.

Días enteros se pasó en su habitación cortando, armando, cosiendo hasta que finalmente término y apartir de ese entonces cada tarde cuando llegaba de su trabajo, tomaba sus títeres y llevándolos de viaje sobre su cabeza.

Iba a alguna plaza y desplegaba una historia para los niños presentes.


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